Monumento a Felipe IV

Sobre esta ubicación

Detente un momento y observa cómo este monumento domina el centro de la Plaza de Oriente. Situado entre el Palacio Real y el Teatro Real, parece el resumen perfecto del Madrid de los reyes: formal, teatral y muy consciente de su imagen. La plaza se reformó en el siglo diecinueve para armonizar con el palacio. Por eso, no es solo la estatua de un rey, sino parte de un escenario urbano diseñado con cuidado. Ahora, fíjate bien en el caballo. Esto es lo que hace famoso al monumento. La estatua de bronce de Felipe IV fue creada por el escultor italiano Pietro Tacca, basándose en un diseño de Velázquez. Incluso Galileo Galilei ayudó a resolver el problema del equilibrio. Fue la primera estatua ecuestre del mundo diseñada para sostenerse sobre las patas traseras del caballo, con la cola como apoyo adicional. Incluso hoy, sigue pareciendo una obra atrevida. Hay una buena historia madrileña detrás de este atrevimiento. Felipe IV quería un monumento que superara a la estatua de su padre, Felipe III, situada en la Plaza Mayor. No debía ser algo común, sino algo digno de admiración. El resultado es un rey que no solo monta a caballo, sino que parece controlar el movimiento mismo. Esa ambición encaja con el Madrid de los Austrias, donde la ceremonia, la imagen y el poder estaban siempre unidos. La estatua se creó en el siglo diecisiete, pero no siempre estuvo aquí. Pasó por varios lugares antes de ser trasladada a la Plaza de Oriente en mil ochocientos cuarenta y tres, durante el reinado de Isabel II. Al llegar aquí, el monumento tomó la forma que ves hoy, con placas de mármol, relieves en la base, figuras que representan ríos, fuentes con forma de concha y cuatro leones de bronce vigilando las esquinas. Tómate un momento para observar los detalles del pedestal. Un relieve muestra a Felipe IV entregando la Cruz de Santiago a Velázquez. Otro es una alegoría del rey como protector de las artes. Estas escenas nos recuerdan que a Felipe IV se le recuerda como monarca y como el gobernante que impulsó uno de los grandes momentos del arte español. Frente a este monumento, la política, la escultura y la pintura se unen en una sola imagen. Levanta la vista y mira más allá del monumento. A un lado está el Palacio Real. Al otro, el Teatro Real, inaugurado en mil ochocientos cincuenta tras la gran reforma de esta zona. Alrededor de la plaza hay veinte estatuas de reyes españoles, lo que convierte a la Plaza de Oriente en una especie de galería de la monarquía al aire libre. Por eso, este lugar es mucho más que una estatua. Se trata de cómo Madrid decidió mostrar su pasado real en el espacio público.

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Monumento a Felipe IV

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