Sobre esta ubicación
Entra en este rincón tranquilo del Madrid antiguo y observa cómo cambia la ciudad. A pocos minutos de la Plaza Mayor, el ruido desaparece y el ambiente se vuelve mucho más íntimo. Estás ante el Monasterio del Corpus Christi, más conocido como Las Carboneras. Es uno de esos lugares que parecen escondidos, aunque estén en pleno centro histórico. Fíjate en su sencilla fachada. No busca impresionar con su tamaño ni con su decoración. Esa sobriedad es parte de su encanto. El convento fue fundado en mil seiscientos siete por Beatriz Ramírez de Mendoza, condesa de Castelar, para las monjas jerónimas del Corpus Christi. Su nombre popular, Las Carboneras, viene de una imagen de la Virgen que, según dicen, fue encontrada en una carbonería y donada después al convento. El edificio fue diseñado por Miguel de Soria a principios del siglo diecisiete y se considera uno de los primeros ejemplos de arquitectura barroca en Madrid. En el interior, la iglesia tiene una sola nave y la capilla mayor está a una altura superior al resto del interior. Es una característica poco común y el único ejemplo de este tipo que se conserva en la ciudad. También guarda obras de arte importantes, como el retablo mayor de Antón Morales y una pintura de la Última Cena de Vicente Carducho. Este lugar también es muy querido por un motivo muy humano. Las monjas venden dulces artesanales y esta tradición se ha convertido en una de las pequeñas leyendas de Madrid. El punto de venta está en la puerta de la derecha, al comienzo de la calle del Codo. Es un detalle encantador en una ciudad de palacios y grandes plazas. Tras estos muros, el Madrid antiguo sobrevive entre el silencio, la oración y la repostería.