Mirador del Distrito Kontorhaus - Chilehaus y Sprinkenhof

Sobre esta ubicación

Deténgase un momento y use los edificios como brújula. A la derecha, el Chilehaus. A la izquierda, el Sprinkenhof. Este es el Distrito Kontorhaus, una zona de oficinas vinculada al comercio portuario. Aquí, la arquitectura debía parecer moderna, poderosa y puramente hamburguesa. La UNESCO describe este distrito como un conjunto de grandes complejos de oficinas de los años veinte a los cuarenta, creados para el auge del comercio internacional de la época. Empecemos por la derecha, con el Chilehaus. Lo primero que llama la atención es su forma afilada. Desde ciertos ángulos, el edificio parece la proa de un barco avanzando, algo ideal para una ciudad portuaria. Fue diseñado por el arquitecto Fritz Höger y se terminó en mil novecientos veinticuatro. Es uno de los mejores ejemplos del expresionismo en ladrillo, un estilo que usa ladrillos oscuros y ángulos dramáticos para dar vida al edificio. El nombre también cuenta una historia. El Chilehaus fue un encargo de Henry Brarens Sloman, quien hizo su fortuna comerciando con salitre chileno. El edificio se llamó así para reflejar ese vínculo comercial. Incluso los detalles miran hacia el exterior: en la punta del edificio hay un cóndor andino, símbolo de Chile. Es la forma en que Hamburgo presumía de sus conexiones comerciales. Ahora mire a la izquierda, hacia el Sprinkenhof. A diferencia del Chilehaus, este parece más ancho, casi como una fortaleza que ocupa toda una manzana. Es un complejo de oficinas de nueve plantas construido entre mil novecientos veintisiete y mil novecientos cuarenta y tres por Fritz Höger junto a Hans y Oskar Gerson. Su enorme escala muestra la idea del Kontorhaus: no solo una oficina, sino una máquina para el papeleo, los contratos de transporte y los seguros. Hay un detalle curioso: el Sprinkenhof albergó el primer aparcamiento subterráneo de Hamburgo. Es una señal de lo avanzado que quería ser este distrito: un barrio de negocios diseñado para el movimiento moderno, lejos de los carros de caballos y las estrechas calles medievales. Antes de seguir, observe de cerca el ladrillo. Ambos edificios usan ladrillos de clinker, no solo por su resistencia, sino por su carácter. Las superficies captan la luz de forma distinta al caminar, y la arquitectura parece cambiar con cada paso. Así es el Distrito Kontorhaus: el comercio convertido en una declaración visual, construido cuando Hamburgo quería mostrar al mundo su confianza desde la misma calle.

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